lunes, 21 de octubre de 2013

Un público eufórico despide a Melendi con "Lágrimas desordenadas".

Texto: Noelia Baldrich         Fotos: Mireia Baldrich


Melendi cerró este fin de semana su tour Lágrimas desordenadas con un clamoroso éxito en el Palau Sant Jordi y el Pavellò de Fontajau (Girona)  

Tras una gira con casi 90 conciertos en España y todo el papel agotado, una proyección personal disparada y cantada tras su paso por La Voz y a punto de volver a conquistar la audiencia con un nuevo programa Generación Rock (TVE), Melendi se ha despedido de los escenarios españoles por una temporada. Y lo ha hecho por todo lo alto, en sintonía al gran éxito que le acompaña. La gran traca final fue en el Palau Sant Jordi, este viernes, con un concierto de más de dos horas, toda una generación de rockeros sobre el escenario y el recinto a rebosar. El sábado, fue en el Pavellò de Fontajau (Girona) en el marco del Festival de Temporada Alta con un aforo mucho más reducido -unos 4.000 fans- y todo vendido. En ambos conciertos la tónica se repitió: locura, euforia y muchas Lágrimas desordenadas –muchos ojos se vieron abnegados por unas lágrimas de desconcierto: alegres por el mágico momento y tristes porque el cantante se baja de los escenarios por un tiempo.

El ingenioso cantautor ha sabido transmitir a sus fans dosis de originalidad, ingeniosas pancartas con la carrera de Melendi decoran sus conciertos.

Explosión guerrera ante un cierre de fiesta victorioso. Muchos fans se apuntaron al doblete y tras el concierto del Palau cogieron carretera y manta y se plantaron de madrugada ante las puertas del Fontajau para disfrutar del último espectáculo del tour. Venían de cualquier punto de la geografía española y algunas fans computaban unas marcas que asombraban: más de 19 conciertos. Pero -¡aviso para navegantes!- su público ha crecido exponencialmente, no solo de adolescentes, sino que un nuevo ejército de guerreros se alistado a filas. Sus armas de seducción masiva han conquistado a familias enteras, generaciones diversas y un jardín de enanitos que se lo pasa en grande. La de niños que quedan hipnotizados por el entusiasmo del asturiano. Magnética la comunión que establece con su público. En definitiva unos guerreros aguerridos para un artista incombustible que derrochó energía hasta el final.
Las generaciones más pequeñas sienten devoción por el de Oviedo. La pequeña Valeri tarareó todos los temas.
El intérprete de ‘Con la luna llena’ –por cierto en ambas noches una luna llena, real, contempló el espectáculo bajo un cielo sereno- buscó la máxima complicidad en Girona: “Hoy les pido que me ayuden a terminar está gira, si algún momento fallo cuento con ustedes, que siempre están ahí. Se entregó a la última batalla como si fuera la primera. Desgranó sus Lágrimas desordenadas junto a sus infalibles éxitos. Omitiré nombrarlos porque a estas alturas resulta una perogrullada. Aprovecharé estás líneas para poner en justo valor otras cuestiones que merecen un notable reconocimiento. Aclamado artista, exitoso disco, apabullante tour y obviamos –dándolo por hecho- que la banda dará la nota, y que la organización ordenará convenientemente el sarao. Bien, pues voy a permitirme una licencia y a extenderme algo más en estos dos últimos aspectos. El cantautor asturiano se hace acompañar por una potente banda: Carlos Rufo y Javier Sánchez, guitarras; Alejandro García, bajo; Enzo Filipone, batería; Luca Germini, piano y Jose de Castro ‘Jopi’, guitarra y dirección musical. Los impresionantes solos de los guitarras, las contundentes baquetas de Enzo, la candencia de Luca a las teclas del piano y la marcada batuta de Jopi conforman una exigente formación rockera. 

La "troupe" Melendi al completo haciendo exhibición de sus habilidades. A la retaguardia estaban el batería Enzo, y el pianista Luca.
Y si sobre el escenario se hacen notar, abajo, en el backstage su semblante tranquilo, afable, y empático les confiere una distinguida nota. Sí, Melendi ha sabido rodearse de una banda que desprende además de muy buena música, muy buen karma. Merecido reconocimiento para ellos. Y con nota alta –sobresaliente- se despachó todo el tinglado montado en el Fontajau, cabía de esperar tratándose del Festival de Temporada Alta de Girona i Salt, el certamen de artes escénicas con más solera. Colas que fluían ordenadamente, cómodos aparcamientos y personal solícito y entregado hicieron que todo fluyera como la canción del cantautor “sin pausas pero sin prisas”. Y a riesgo de llevarme alguna réplica añadiré además el ejemplar comportamiento del público de Girona. “procurando no hacer ruido, vestido con una sonrisa, sin complejo ni temores”. Porque así es. Serán por los aires de l’Empordà, por su alto nivel de renta o simplemente porque quién escribe está sugestionada por la belleza de aquel paraje, pero el “tarannà” de sus habitantes transmite firmeza y buena educación. Y hecha las convenientes puntualizaciones, aquellos que quieran volver a ver Melendi sobre un escenario pueden hacerlo cruzando el charco y acoplarse a su gira por Latinoamérica (Venezuela, Ecuador, Chile y Argentina) que continua en noviembre; en España habrá que esperar un nuevo tour. Es evidente, que el de Oviedo está sorteando divinamente la crisis, y que todo lo que toca lo convierte en éxito; suerte también para quienes han sabido hacerse con este artista de los huevos de oro.

El Pavellò de Fontajau, Girona, con "sold out", derrochó eufória y cierta nostalgia por el final de gira. El cancionero urbano del asturiano da lugar a un merchandinsing muy singular.

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